20 de septiembre de 2009

Ella llega, se sienta, me mira con los ojos llenos de ingenuidad e inconsciencia y me tregala una sonrisa tímida. No sabe por que está ahí. El hombre que la acompaña  se acerca al mostrador, habla con la recepcionista no alcanzo a entender de qué, sólo logro capturar la imagen de su rostro preocupado y de su mano vacilante que extiende un papel.

Sigo esperando mi turno, ella sin pensarlo se levanta camina hasta él, le toma la mano, las miradas se entrecruzan. La de ella parece decir - tranquilo, todo está bien-, la de él intenta ocultar con dulzura la angustia y con voz queda le pide que vuelva a sentarse.

La recepcionista me pide que vaya al segundo piso, al pasar junto al hombre escucho TOMOGRAFÍA INFANTIL, mi corazón se estremece y continuo hacia mi destino.

De regreso, mientras me acerco a la salida la observo aún sentada en la silla, tranquila, balanceando los pies en el aire. Llego a la salida, ella me dice adiós con la mano y vuelve a sonreir, le sonrío y desaparezco tras la puerta.

Subo a mi carro y el día transcurre normalmente, llega la noche y me doy cuenta de que no he podido sacar de mi cabeza su rostro. Me tiro en la cama dispuesta a dormir, sigo pensando en ella, comienza a invadirme el sueño, desearía darle la certeza de que todo estará bien.

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